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TRIUNFO DE LULA, DERROTA DE LA DEMAGOGIA EN AL

Actualizado: 8 nov

Guillermo Fabela Quiñones


En el contexto en que se debate la vida de los pueblos de América Latina, la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva, con más de dos millones de votos sobre el neofascista Jair Bolsonaro, es un faro de esperanza para salir a flote del mar embravecido que son las relaciones sociales, económicas y políticas en la Patria Grande, luego de históricos fracasos de gobiernos que surgieron con el apoyo de las clases mayoritarias con la esperanza de que mejoraran sus condiciones de vida, sin que ese gran objetivo se lograra en la mayoría de regímenes surgidos con gran apoyo popular, con la excepción que significó el de Lula en los ocho años que se mantuvo en el poder, de forma por demás exitosa en el cumplimiento de sus metas.

Tan significativos fueron sus logros que la oligarquía brasileña, conjuntamente con las cúpulas de Washington y Wall Street, no tuvo más recurso que poner en marcha un plan ilegal en el Congreso reaccionario que “legitimara” su golpe de Estado contra el mandatario que sí estaba actuando con auténtico sentido social, responsabilidad política y firmeza en sus decisiones en favor del pueblo carioca. Hoy está de nuevo al frente del Ejecutivo, pero aún no se debe cantar victoria, como lo revela la actitud “trumpista” de Bolsonaro. Será la organización popular la que impida un descalabro de consecuencias funestas.



BRASIL PARA SU FORTUNA ESTA MUY LEJOS DE ESTADOS UNIDOS


El pueblo que votó por Lula es consciente de los graves peligros que lo asechan; no dudará en seguir adelante, al precio que haya que pagar, para frenar la codicia de la oligarquía y la voracidad de los grandes intereses trasnacionales que no han permitido, desde hace más de un siglo, el desarrollo de los pueblos de América Latina, factor fundamental de la creciente ola migratoria que propician los grandes consorcios monopólicos que no conocen fronteras, a fin de mantener por siempre la inestabilidad social y política del que siguen considerando su “patio trasero”.

Brasil, para su fortuna, está lejos de Estados Unidos, pero lamentablemente cerca (los tiene adentro) de los asedios de los falsos “profetas” que manipulan al pueblo con una finalidad perversa, valiéndose de su fe y sus creencias. Son las diversas iglesias el arma que las élites oligárquicas tienen hoy a la mano para desmovilizar a las masas e inducir su voto con una actitud mesiánica. Esto mismo nos ha sucedido a los mexicanos a lo largo de nuestra historia, situación que frenó el interregno que nació con las Leyes de Reforma de los liberales y puso fin Porfirio Díaz para perpetuarse en el poder.



LA FUERZA CON LA QUE LLEGA LULA SERA UN FRENO AL GOLPISMO


La fuerza con la que llega Lula, incuestionable bajo cualquier punto de vista, es suficiente para frenar todo nuevo intento “golpista”, por muy disfrazado que esté por legisladores al servicio de la oligarquía nacional y los monopolios extranjeros. Al paso de los meses, una vez convencidos los indecisos de que Lula es confiable, se sumarán a su proyecto de nación. Por otro lado, su prestigio a nivel global irá en aumento al ver que no es uno más de los demagogos que se hacen del poder prometiendo lo que no van a cumplir, engañando a las masas al paso de los meses y traicionando abiertamente a los más indefensos, decepción que luego han cobrado votando por la derecha y el conservadurismo.


Desde luego, no será fácil el despegue, mucho menos en el contexto actual dominado por la desesperación del Grupo de los Siete de perder su hegemonía gracias a la fortaleza de China y de Rusia, en las últimas tres décadas, lapso en el que, es válido recordarlo, los países que conforman dicho grupo nada hicieron en favor de la humanidad, históricamente construidos sobre la pobreza de los pueblos expoliados en África, Asia y América Latina.



BRASIL CUENTA CON LA URGENCIA DE UN MUNDO MULTIPOLAR


Ahora Brasil no está solo, cuenta con el avance histórico de la razón que, valida la edificación de un mundo multipolar, única salida para salvar a la humanidad de los colapsos inminentes de seguir como el Grupo de los Siete quisiera que sigamos: ellos por encima de todos los pueblos de la Tierra, sueño que tuvo esa mente diabólica que utilizaron con la misma finalidad las cúpulas dominantes y revanchistas en los años treinta del siglo pasado. El problema en la actualidad es que hay quienes siguen soñando con un mundo bajo el control de la supremacía anglosajona. Lo vemos en Estados Unidos y en la Unión Europea, con el apoyo cómplice de la ONU y de los organismos globales enmarcados en el modo neoliberal de organizar la economía.

Con Lula en el poder, se abre una puerta a la esperanza por un mundo mejor, dada la importancia geopolítica de Brasil, de sus enormes recursos naturales, de su papel fundamental en una América Latina necesitada de líderes progresistas auténticos, no demagogos disfrazados de “socialistas”, de “antineoliberales”, de demócratas incluyentes cuando en realidad están socavando cambios verdaderos, como ha sucedido en Sudamérica una y otra vez. El pueblo brasileño, en cambio, padeció en cuatro años el desenfreno de la oligarquía bajo la protección de Bolsonaro, lo tiene muy claro una mayoría consciente.



LEJOS DE ESTADOS UNIDOS, FACTOR GEOPOLITICO FUNDAMENTAL


Estar muy lejos de Estados Unidos es un factor geopolítico fundamental, del cual los mexicanos padecemos sin ninguna posibilidad de hacerlo a un lado. Nos ha pesado desde siempre y lo seguirá haciendo mientras el pueblo de esa nación todopoderosa, siga hipnotizado por el sistema que le permite un alto nivel de vida, seguridad social que en un país emergente, como México, se calificaría de “socialista”: sus beneficios llegan a todos los sectores sin más finalidad que la de garantizar una estabilidad económica sustentable, un control político basado en un marco regulatorio estricto con dos partidos que se reparten el poder, y un nacionalismo ideológico que raya en el chovinismo.

En relación con nuestro país, los hechos muestran que, independientemente del factor ineludible de la línea fronteriza que nos mantiene unidos al imperio, dejará lastres muy pesados al finalizar su mandato, particularmente en renglones básicos para el desarrollo como la salud y la educación. La llamada telefónica de López Obrador con Lula, para felicitarlo, nos deja ver que quizás alguna vez quiso ser un líder como él. La realidad en el ejercicio del poder lo hizo caer en el pragmatismo en el que está entrampado.

Lo prueba en este momento su afán por controlar instituciones vitales para el fortalecimiento de la democracia, como el INE mediante una reforma electoral que, de aprobarse tal cual la propone, sería un retroceso a los tiempos en que un partido hegemónico organizaba y calificaba los comicios en el país. Lo que se necesita, vale remarcarlo, es un Instituto Nacional Electoral acotado por la sociedad, sin consejeros electorales corruptos y un órgano calificador también ciudadanizado, transparente y renovado cada tres años, todos con salarios acordes al nivel económico del país. La tecnología es plenamente confiable, lo demostró la elección en Brasil. El voto electrónico es el camino a seguir.

Memo.FQ@hotmail.com

Twitter: @VivaVilla_23


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