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SE CONFIRMO LO PREVISIBLE EN LAS ELECCIONES DEL DOMINGO

Guillermo Fabela Quiñones


El proceso electoral del domingo confirmó lo previsible: el triunfo del abstencionismo, el cual mantuvo su tendencia de sumar menos de la mitad del padrón, realidad que contrasta con la alta participación que se obtuvo en 2018 cuando el partido guinda asumió el poder con la expectativa de cambios progresistas prometidos por su fundador. Asimismo, la permanencia de la clase política surgida en el régimen neoliberal, aunque ahora bajo las siglas de Morena. El triunfalismo de la dirigencia nacional por la victoria en cuatro de las seis contiendas no lo avalan los hechos: el cambio estructural seguirá siendo asignatura pendiente.

El regreso del “dinosaurio” se vislumbra para el 2024 con más claridad, independientemente de que se vista de tres colores, o de magenta en su totalidad, como lo quisieran las élites para evitar molestas negociaciones con una clase política caduca que no aprende su papel de “oposición” y representa altos costos a una economía con déficits en aumento, tanto por los muy bajos niveles de productividad como por el asistencialismo que facilita corruptelas en su operación sin reglas ni controles eficaces. La mal llamada democracia mexicana es la más costosa del mundo, situación insostenible indefinidamente.


EL “OGRO FILANTROPICO” REGRESA CON OTROS COLORES


Es claro que el “ogro filantrópico”, como calificó Octavio Paz al régimen del PRI original, sigue con vida y dispuesto a seguir en la palestra política, bajo un relevo generacional que mantiene las añejas estructuras, supuestamente modernizadas en 1983 por una tecnocracia ajena a los compromisos sociales de sus antecesores. Tres de los candidatos que alcanzaron la victoria en las urnas el domingo, hicieron su carrera en el partido tricolor y es impensable que pudieran cambiar, en el remoto caso de que la sociedad rompiera sus ataduras y presionara para influir en un cambio de rumbo sin simulaciones ni demagogia.

El Instituto Nacional Electoral (INE) logró sacar adelante un proceso que amenazaba rebasar su capacidad organizativa, pero con sospechas de que pudo haber manipulado el conteo por una inexplicable caída del sistema en un momento decisivo, y el reconocimiento de que “la democracia tiene muchos pendientes; no ha resuelto añejos problemas estructurales”, sin tomar en cuenta el principal de ellos: la ausencia de la sociedad en la conformación del propio organismo autónomo, que pondera su papel a la amplitud creciente de su presupuesto.

En los días subsecuentes habrán de despejarse dudas sobre las irregularidades y posibles delitos y acusaciones mutuas. Con todo, el paso crucial se dio sin incidentes graves, lo cual es ganancia en el clima de inseguridad y violencia prevaleciente, sobre todo en Tamaulipas. Morena suma ahora veinte gubernaturas, lo cual no es desestimable bajo un punto de vista cuantitativo, pero no desde la óptica de la transformación estructural que anhela la sociedad en su conjunto, en cuanto que el “dinosaurio” está resurgiendo de sus sombríos pantanos, dispuesto a recuperar la fuerza perdida por el forzoso ayuno alejado del presupuesto federal.


CUALITATIVAMENTE MORENA PERDIO EL DOMINGO


Más adelante podremos analizar con detalle la realidad subyacente en las cifras definitivas; sin embargo, puede adelantarse que Morena perdió cualitativamente en tanto que el trinomio PAN PRI PRD salió fortalecido, particularmente el tricolor al estar en dolorosa agonía desde 2018. Este proceso electoral vino a oxigenar las venas escleróticas del trío de partidos, situación que no habrían tenido de esperar hasta el 2024. Este es el meollo del tema: la oportunidad que ahora se les brinda de reagrupar a sus huestes y mantener una alianza exitosa, que lo será en la medida que Morena siga su debacle interna por la indefinición de un rumbo claro, ajeno a los compromisos que le abrieron la puerta de Palacio Nacional.

En este sentido, puede afirmarse que la derrota de Morena en Durango y Aguascalientes se debió al voto de castigo de quienes vieron frustradas sus expectativas de cambios progresistas; se dejaron llevar por el dicho que dice que “más vale malo por conocido que bueno por conocer”; a final de cuentas, el electorado que acudió a las urnas no encontró diferencias entre los contendientes principales, ambos con el mismo ADN. Los poderes fácticos detrás del proceso se decidieron a no apostar por lo que significa la influencia del estilo personal del presidente López Obrador, que al paso del sexenio ha confirmado de lo que se le acusaba: caprichoso, zigzagueante, impredecible.



IMPOSIBLE QUE LA REALIDAD MEJORE SIN CAMBIOS DE FONDO


La lección es muy obvia para el futuro inmediato: el asistencialismo, como mecanismo para paliar la pobreza no es una panacea, menos cuando la economía está en un proceso de inestabilidad creciente por múltiples factores, que se agravarán mientras no se quiera combatir la causa de todos los males económicos y financieros del mundo contemporáneo: el fracaso absoluto del modelo neoliberal, que se quiere ocultar bajo el disfraz de una guerra engañosa, provocada por la poderosísima industria bélica de Occidente para seguir adelante sin cambiar la raíz de la profunda crisis global en marcha.

Así como se observa la realidad en México y el mundo, es imposible que la situación mejore sin cambios de fondo, en favor de los intereses colectivos con el objetivo de solucionar los gravísimos problemas estructurales derivados de la acumulación monstruosa en unas cuantas corporaciones globales, las cuales se alimentan con innovaciones continuas y despidos masivos de mano de obra. También lo es pretender desactivar el descontento social con asistencialismo en vez de crear condiciones idóneas para elevar la productividad de sectores básicos.

Esto no está en el proyecto de nación de Morena, pues el asistencialismo lo opera con un propósito político. Otro sería el futuro del país si los más de 400 mil millones de pesos anuales que se gastan en los programas asistencialistas, se orientaran a políticas públicas que apuntalen crecimiento y desarrollo, como la educación de calidad y el mejoramiento integral del sector salud. Es irracional que se eleve el presupuesto para programas asistencialistas, mientras se reduce el gasto público con un sentido de “pobreza franciscana”.


MemoF.Q@hotmail.com

Twitter: @VivaVilla_23


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