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MASACRE EN UVALDE: NADA DE QUE ASOMBRARSE

Guillermo Fabela Quiñones


La masacre perpetrada en una población fronteriza del estado de Texas reafirma, por si hiciera falta, que la fabricación de todo tipo de armas en Estados Unidos es ya parte sustantiva del modo de vida estadunidense no sólo de su economía, cada vez más dependiente de este sector industrial cuyo efecto multiplicador abarca amplias esferas de la ciencia y la tecnología, de importancia capital para el desarrollo de la superpotencia. De ahí que la Asociación Nacional del Rifle se constituya en este momento en uno de los poderes fácticos más influyentes en Washington.

Es oportuno recordar que, como candidato a la gubernatura de Texas, Greg Abbott, hizo el reclamo siguiente: “Me da vergüenza, Texas es el número dos de la nación en la compra de armas nuevas, detrás de California. Vamos a acelerar el paso, texanos”. Sus palabras tuvieron eco, pues en los últimos cinco años, en dicha entidad se han registrado cuatro tiroteos masivos, incluido el de Uvalde, con un saldo de más de cien víctimas entre muertos y heridos. Aun así, este fin de semana, en la ciudad de Houston, se llevará a cabo la convención anual de la ANR, donde Abbott y el ex presidente Donald Trump serán oradores.


VIOLENTO RECHAZO DEL HOMICIDA A UN MUNDO SIN VALORES


Pero quienes acaparan la atención de los medios después de los dantescos episodios son los que disparan las armas, cuando en realidad son también víctimas de un sistema político organizado para matar, en tanto que no es otro el destino de la creciente producción de armas cada vez más mortíferas y sofisticadas, con una extraordinaria repercusión en el aparato productivo de Estados Unidos. Salvador Ramos, el autor de la masacre en la escuela primaria de Uvalde, aunque haya tenido un comportamiento con tipología esquizoide, se le abrió la puerta para llevar a cabo su decisión fatal: esperó cumplir la mayoría de edad para comprar las armas con las que satisfizo su deseo autodestructivo y de rechazo total a su mundo circundante.

No es fortuito que Estados Unidos sea el país con el mayor volumen de su población armada: es la consecuencia de una política que viene desde que se organizó el país como estado libre y soberano, con una mística que se bautizó como Destino Manifiesto. Esto quedará avalado, cabe pronosticarlo, en las intervenciones que tengan Abbott y Trump en la convención arriba mencionada: minimizarán el episodio terrorífico en la escuela de Uvalde y echarán la culpa a la irresponsabilidad paterna, como si la descomposición del tejido social fuera inducida por situaciones metafísicas, no por causas objetivas derivadas de las desigualdades sociales y sus gravísimos efectos concomitantes que se acrecentaron con el neoliberalismo.

Por eso resulta de un cinismo insultante la declaración del Fondo Monetario Internacional (FMI), previa a la Cumbre de Davos la semana pasada: “Las protestas han aumentado en el mundo a los niveles más altos desde el inicio de la pandemia… la continua reducción del poder adquisitivo de las mayorías significa que las protestas aún pueden aumentar e imponer costos económicos significativos para el manejo gubernamental de las economías”. Como si dicho organismo no fuera el promotor de situación tan dramática al ser el principal ejecutor de las políticas económicas que han empobrecido a más del 70 por ciento de la población del planeta y la acumulación de la riqueza en menos del 2 por ciento.


LA NUEVA GENERACION VISLUMBRA UN FUTURO SIN FUTURO


La continua reducción del poder adquisitivo es consecuencia del mecanismo ideado por el Consenso de Washington que vigilan se cumpla, eficazmente, el FMI y el Banco Mundial. La pandemia, si de algo sirvió, fue para desviar la atención de las causas estructurales del empobrecimiento a nivel global, incluidos los pueblos estadounidenses y del resto de países del Grupo de los Siete. De ahí el agravamiento de los problemas sociales, como este que afecta a la nación que presume ser la más democrática, pero que desmienten hechos como el ocurrido en esa población texana, uno más de los que asombran a la colectividad por su naturaleza irracional y aparentemente injustificable.

La nueva generación, la nacida en este siglo, sólo vislumbra un futuro sin futuro, o imposible de arrostrar una vez al entrar en la edad adulta. En nuestro país, el flagelo de muerte se da en forma de suicidios, feminicidios, violencia intrafamiliar y en un nivel extremo en el radio de acción de la delincuencia organizada, la cual cuenta con armamento más mortífero y con un ejército de reserva del cual echar mano sin limitaciones. Sin embargo, según el punto de vista del grupo en el poder político y de la cúpula empresarial, “vamos muy bien”. Desde luego, ellos no pueden lamentarse de nada, sino todo lo contrario: nunca les había ido tan bien como ahora en el sexenio del cambio.


¿CÓMO ASOMBRARSE DE JÓVENES LLENOS DE RESENTIMIENTOS?


En la práctica, el régimen de la Cuarta Transformación tiene como prioridad, la realidad así lo demuestra, hacer negocios con grandes empresarios, sobre todo estadunidenses, como lo patentiza el embajador Ken Salazar, quien cumple funciones de gestor de inversiones por encima de sus tareas diplomáticas. Curiosamente, por el escenario escogido para tal aseveración, a los seris les dijo lo siguiente: “Les puedo decir que no hay un rico en México que en el tiempo que llevamos gobernando, haya perdido dinero. A las pruebas me remito. Al contrario, les ha ido bien”.


Si alguien lo sabe perfectamente son los grupos étnicos que sobreviven en extrema pobreza en el país, humillados por la prepotencia de quienes explotan inmisericordemente sus bienes. Es tan dramática su situación que se ven forzados a recurrir a instancias extranjeras en busca de auxilio, como lo hicieron en días pasados ejidatarios de Caborca, Sonora, quienes acudieron al Parlamento del Reino Unido a denunciar al consorcio minero de Alejandro Bailleres por extraer, “sin permisos y con engaños”, oro de la mina La Herradura, pues su empresa es subsidiaria de Fresnillo PLC, que cotiza en la Bolsa de Valores de Londres.

¿Cómo asombrarse de que jóvenes como Salvador Ramos actúen de forma tan deshumanizada, tan llena de odio y resentimiento? ¿Qué incentivos tienen, la inmensa mayoría de hijos sin cariño maternal ni dirección paterna para esperar una vida digna de vivirse?


Memo.FQ@hotmail.com

Twitter: VivaVilla_23




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