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IMPERATIVO NO PERVERTIR ESENCIA DE MEDIDAS PROGRESISTAS

Guillermo Fabela Quiñones


El principal problema para el régimen estriba en la terquedad del presidente López Obrador en anteponer su modo de ejercer el poder al imperativo de solucionar problemas coyunturales, muchos de ellos agravados por él mismo, como lo vemos en estos días por la controversia que se originó por la necesidad de rescatar la soberanía de la nación sobre los recursos energéticos del país. No desaprovecha oportunidad para desplegar su instinto protagónico que tan buenos resultados le ha dado durante su carrera de activista político, aunque ya como jefe del Ejecutivo este comportamiento le resulte contraproducente.

Ni que decir tiene que le asiste la razón y el derecho internacional en lo concerniente a la defensa de los principales recursos energéticos nacionales, pero el afán de querer aprovechar asuntos de tanta trascendencia económica y social en su provecho personal como “animal político”, pervierte la esencia progresista de medidas vitales para el futuro de los mexicanos. Lo que está priorizando en este momento es su empoderamiento como líder indiscutido de la Cuarta Transformación, como en su tiempo lo fue el presidente Lázaro Cárdenas en la encrucijada histórica decisiva de la historia moderna de México. Sólo que el divisionario michoacano era un estadista serio, auténtico en todos los aspectos de su vida.


MENOSPRECIO A LA CRITICA DERIVÓ EN ATAQUES A LA INVESTIDURA


En esta hora del mundo, lo que México necesita es eso, un estadista de la talla de Benito Juárez y del general Cárdenas. Eso se esperaba del presidente López Obrador, pero al paso de los años su personalidad se ha desdibujado de manera lamentable, no por culpa de los conservadores ni de sus adversarios neoliberales, sino de él mismo por su denodado interés de pasar a la historia por sus dichos y excesos retóricos; su compulsión de ganar el apoyo de los que “menos tienen” con dádivas que le brinden altos niveles de popularidad comprada; su menosprecio a la crítica que ha derivado en ataques igual de despreciativos a su investidura.

Accedió al poder con el más alto nivel de apoyo masivo en la historia, no sólo por su carisma sino básicamente por el hartazgo de las clases mayoritarias a los abusos de las cúpulas del poder político y económico. Es comprensible que se viera obligado, el primer año, a negociar con éstas un cambio gradual en la composición de los intereses que debían ser afectados con las transformaciones prometidas, pero no lo es que a estas alturas del sexenio en vez de que hubiera resultados en esa dirección, lo que en realidad existe es el fortalecimiento de los intereses de esa minoría oligárquica. Podrá argumentarse lo contrario, poner como ejemplo la lucha contra las empresas trasnacionales que quieren conservar el predominio sobre los recursos energéticos de México, pero esto es ilusorio.

Podrán decirse más argumentos en ese sentido, como decir que los salarios mínimos nunca antes habían aumentado tanto, que la inflación es menor aquí que en Estados Unidos y otros países europeos, pero la verdad es que el nivel de vida de las clases mayoritarias sigue decreciendo inercialmente porque las causas estructurales de la desigualdad se mantienen tan firmes como en el periodo de la tecnocracia apátrida y súper corrupta. También podrá decirse que nunca antes había habido tantas libertades como ahora, lo cual es cierto, pero en sentido adverso a lo que urge corregir, pues la impunidad sigue firme en el país, no sólo por la improbidad de jueces sin ética, sino por el deterioro del Estado de derecho por omisiones inocultables.


CULPA DEL NEOLIBERALISMO, MANIFESTACION DE SU VIGENCIA


Esta realidad, sin duda es culpa del neoliberalismo, pero también la más clara manifestación de que se mantienen sus dramáticas consecuencias. Para desviar la atención ciudadana de esta situación caen como anillo al dedo hechos como la pandemia, y ahora la descarga emocional que se habrá de atizar con la bandera del nacionalismo exacerbado tomando como pretexto la defensa de nuestro petróleo y de la energía eléctrica. Desde luego, es plenamente justificada la defensa de la soberanía nacional sobre nuestros principales recursos, pero lo razonable es hacerlo de modo que los planteamientos no desborden el tema de fondo para convertirlo en asunto emocional en favor del propio mandatario en calidad de líder político.

Es preciso insistir en este punto, porque de esto se habrán de aprovechar las empresas afectadas para exigir a sus gobiernos actúen del mismo modo, dejando debajo de la mesa de negociaciones lo fundamental para ellos: la garantía de que sus intereses seguirán firmes. Argumentarán que al mandatario mexicano lo que verdaderamente le importa es aprovechar la coyuntura para apuntalar su popularidad. Lo que tenía que hacerse ya se hizo con la firma del T-MEC, de allí no se va a mover ninguna coma, esta es la realidad monda y lironda.


MAGNATES, MÁS CONFIADOS QUE NUNCA EN SU FUTURO


Los tecnócratas al mando de Carlos Salinas privatizaron lo que había que privatizar, ya no hay nada privatizable; hicieron su labor de zapa contra México porque llegaron al poder para dar el zarpazo, independientemente de quien los relevara. El presidente López Obrador perdió su primer año en desplantes demagógicos, en demostrar que sus cambios eran superficiales para evitar que las élites oligárquicas comenzaran sus maniobras reaccionarias, ahora se pagan las consecuencias. Los grandes magnates están más confiados que nunca en su futuro, en ellos confía el mandatario para frenar la voracidad de sus contrapartes de Estados Unidos y Canadá.


El riesgo que deben temer es que al presidente López Obrador le gane su faceta de “líder social” y se extralimite en sus desplantes insensatos y frívolos, como el video en la mañanera del fallecido Chico Ché. Esto podría caldear los ánimos de la gente deseosa de que su situación mejore y crean que lo podrán lograr en la medida que se generen más pleitos con los socios del T-MEC. Esto daría margen a más presiones de ellos, cuando lo más razonable es dejar que sean los hechos los que impongan los necesarios equilibrios geopolíticos.


DETERMINANTE, RECTORIA DEL ESTADO CON VISION DE FUTURO


Estados Unidos y Canadá nos necesitan a los mexicanos tanto como nosotros a ellos, pero en un plano de negociaciones ajenas a la politización de los acuerdos comerciales y financieros. No nos conviene darles pretextos para un intervencionismo igual de irracional como la demagogia sin sentido. Saben muy bien que no les conviene apretar más de lo debido, pues tienen amplios beneficios con lo entregado por la tecnocracia salinista. Les conviene apuntalar el desarrollo de México, sobre bases negociadas con visión de futuro. En esto será determinante la rectoría de los Estados sobre sus recursos estratégicos.

Dejar en manos de los grandes monopolios globales el mercado de las fuentes de energía es condenar a la humanidad a una hecatombe por hambre. Esto ya lo experimentó España con la entrega a Iberdrola del mercado de la electricidad. El gobierno francés anunció recientemente la nacionalización total de su industria eléctrica, única alternativa para avanzar en la producción de energías limpias. Es el mismo caso con la industria petrolera.

MemoF.Q@hotmail.com

Twitter: @VivaVIlla_23


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