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Covid 19 define al próximo presidente de México

Actualizado: abr 10


Dr. Heinz Dieterich 28.3.2020

Director, Center for Transition Sciences (CTS)

Coordinador, World Advanced Research Project (WARP)


COVID-19 define próximo Presidente de México


1. Gana la Presidencia quién derrota al Virus

La capacidad de los gobiernos para entender el peligro real de la pandemia del coronavirus COVID-19 y frenarla rápidamente, se ha convertido en la prueba global decisiva para su permanencia en el gobierno y sus procesos de reelección. Para México esto significa, que el próximo presidente de México será el gobernador, político o funcionario público, que con mayor eficacia logra controlar al virus en el menor tiempo posible. Y que, además, es capaz de transmitir esa eficacia públicamente a la percepción de los votantes. Entre ambos eventos –frenar la epidemia y ser presidente-- hay una correlación estadística positiva que casi llega a la certeza. El decálogo de medidas necesarias para ser gobernante es muy claro, porque las experiencias globales han proporcionado la evidencia científica-social-política irrefutable para triunfar sobre el COVID-19.


2. China o Estados Unidos

Solo ha habido dos curvas de aprendizaje a nivel global: la que siguió el modelo de China y la que imitó a la Unión Europea y los gobiernos americanos, con excepción de Cuba. Los resultados hablan por sí mismo. Estados Unidos, con un cuarto de la población de China (¡!) ya supera el número de infectados de China. Italia, a su vez, con apenas el 4% de la población china, lo iguala (sic). Canadá, Brasil, Ecuador y Chile, siguen el modelo de Trump y de la Unión Europea, pese a que la única estrategia eficaz para derrotar rápidamente al virus es la china. (Para mayor detalle ver:https://twitter.com/AristeguiOnline/status/1243938454054076419?s=20)

Ahora, ante los catastróficos resultados de su inoperancia, esos gobernantes buscan culpables por doquier, para que los pueblos no los sancionen. Trump, en peligro de perder las elecciones de noviembre, acusa a China y moviliza a un millón de reservistas militares. El neofascista Bolsonaro amenaza con la dictadura abierta y dice, "¿Algunos van a morir? Van a morir, lo siento. Así es la vida.” Nada de esto los va a salvar. Capitanes de un Estado neoliberal fallido, un auténtico Titanic; sin liderazgo moral, ni político, ni estratégico; sin una población organizada ni un sistema de salud pública presentable; muertos de miedo ante los lobbyistas del gran capital, no se atreven a implementar las medidas estatales, que son necesarias para evitar el Armagedón en el Nuevo Mundo.


3. Los Alemanes dormidos

El gobierno germano de Angela Merkel mostró la misma desidia e incapacidad operativa ante el peligro pandémico, que los otros gobiernos capitalistas de Europa y América. Tuvo que enfermarse la canciller Merkel del virus, para que hace apenas cinco días (sic) implementaron un plan de rescate por 812.000 millones de dólares, equivalente al 22 % del producto interior bruto (PIB).

El caso de Berlín muestra tres cosas: 1. Los burócratas gubernamentales estaban en hibernación desde diciembre del 2019 y sólo la infección de Merkel los despertó. 2. La dimensión del daño económico puede llegar a ser comparable al de la Gran Depresión histórica. 3. Abandonaron su sagrada religión monetarista, sabiendo que sólo un masivo endeudamiento del Estado, el relajamiento extremo de cargas fiscales y la salvación directa de las empresas capitalista podría impedir el colapso del “casino-capitalismo neoliberal”. No es exagerado decir, que cualquier gobierno o aspirante presidencial en el Nuevo Mundo, que no entienda estas lecciones, pone en peligro su futuro.


4. El Decálogo del Candidato Presidencial

El fracaso del modelo europeo-americano y el éxito de la estrategia de China y Corea del Sur han proporcionado toda la información científica necesaria, para frenar la expansión del COVID-19 en México. En eso, el papel del Estado es decisivo. Tiene que ejecutar su papel civilizatorio coordinador con firmeza y eficacia en: el diagnóstico masivo y sistemático; la cuarentena consecuente; la disciplina social; un programa keynesiano de ayuda financiera, fiscal y social a mega-escala, fuera de la ortodoxia neoclásica monetarista; una política de información clara, continua y no-contradictoria; el riguroso control del mercado de medicinas, alimentos, transportes y energía y, si fuera necesario, la organización estatal de la producción y distribución de los insumos necesarios para evitar la curva de Italia.

Por ejemplo, la Agencia Federal Medica-Biológica de Rusia (FMBA) acaba de publicar, que el empleo del medicamento anti-malaria “Mefloquine” (principio activo, hidroxicloroquina) dentro de un “esquema efectivo y seguro”, basado en las experiencias chinas y francesas, puede superar el paroxismo de la pandemia y controlarla efectivamente “en el futuro”. Donald Trump twitteó el 21 de marzo qué, según la FDA estadounidense, “la hidroxicloroquina y la azitromicina, en conjunto” pueden cambiar la situación frente a la pandemia – a real game changer. De inmediato desapareció el medicamento respectivo “Plaquenil” (Sanofi) de las farmacias en México.

El panorama está claro. Aún antes de tener una vacuna eficaz contra el COVID-19, todo indica que ya existe una terapia que permite controlarlo. ¿Se imaginan lo que pasaría, si algún político mexicano lograra garantizar el suministro de este medicamento (genérico o de patente) para toda la población? ¿Produciéndolo, quizás, a gran escala con Cuba y China o India? Desaparecerían el pánico y el miedo del país y se recuperaría la economía.


¡Sin marketing, este político sería el sucesor del presidente Andrés Manuel López Obrador!

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