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EDUCACIÓN, SALUD Y EMPLEO, RECETA AJENA A LA 4T

Guillermo Fabela Quiñones


La reaparición pública del principal magnate del país, Carlos Slim, después de meses de retiro, durante la reunión anual de becarios de la Fundación Telmex-Telcel, puso fin al entusiasmo de Palacio Nacional por el triunfalismo del presidente López Obrador expresado en su cuarto informe de gobierno. El empresario más favorecido por el neoliberalismo afirmó: “La mejor inversión universal de todo el mundo (sic) es combatir la pobreza, todos los países están obligados a ello, desarrollando capital humano, salud y educación”. Instó a que un mayor número de personas “se incorporen a la modernidad con educación, salud y empleo”.

Esto es precisamente lo que no está haciendo el mandatario mexicano, como lo patentizan los hechos y ratifica su firmeza en mantener la principal estrategia neoliberal: el adelgazamiento del Estado como ente responsable de propiciar el desarrollo sustentable y la equidad como forma de gobernanza para apuntalar la democracia participativa. Esto se confirmará con el presupuesto de egresos para el año 2023, austero en todos los ramos del gasto público, menos en el de las obras emblemáticas del régimen.



SIGUE LA CORRUPCION A PESAR DE LA “AUSTERIDAD REPUBLICANA”


Sin embargo, no debería ser así, pues recursos sobran para emprender un cambio de fondo en la economía. Esto lo admitió el propio jefe del Ejecutivo en su campaña propagandística del informe, en la cual hizo acopio de sus logros. Llamó la atención uno referido a los ahorros que comenzó con un gerundio horroroso: “Eliminando corrupción y dispendios ahorramos 2.5 billones de pesos que ahora se usan en beneficio del pueblo”. Sería extraordinario que con hechos concretos se demostrara la veracidad de tal afirmación, en primer lugar, poniendo punto final a la “austeridad republicana”, medida cuya “justificación” no ha dado resultados: la corrupción sigue imparable, lo demuestran casos imposibles de ocultar, como el de Segalmex y los del Insabi, entre otros que sería prolijo enumerar.

Pero en vez de actuar como lo demanda un elemental sentido común, ahora la amenaza es llevarnos a la “pobreza franciscana”; obviamente, de concretarse acabará secando la economía y obstaculizará por un largo periodo la recuperación del crecimiento perdido en estos cuatro años. Las más importantes agencias calificadoras internacionales coinciden en que este año el promedio “sería de cero; para 2023 el PIB solamente recuperaría el nivel de 2020, lo cual indica una pérdida de cuatro años de crecimiento”. Esto sin contar los riesgos inflacionarios.



VISION PROGRESISTA, AUSENTE EN LA AGENDA PRESIDENCIAL


Es incuestionable que a estas alturas del sexenio el triunfalismo subjetivo es contraproducente, aunque se apueste al analfabetismo político de las clases mayoritarias que el Presidente afirma que es cosa del pasado, cuando la realidad nos muestra una sociedad desmovilizada por el propio partido en el poder, el cual pone el mal ejemplo al priorizar sus luchas intestinas al imperativo de organizar a la sociedad en su conjunto con programas ex profeso que brillan por su ausencia. Esto aún podría cambiar si el propio mandatario actuara con visión progresista y sensibilidad social, lo que tampoco sucederá porque no está en su agenda.


Desde el inicio de su gobierno politizó toda actividad económica, de un modo que no se vio ni en el sexenio del recién fallecido Luis Echeverría, quien tuvo en realidad dos titulares del ramo: Hugo B. Margáin y Mario Ramón Beteta, verdaderos profesionales, ya que José López Portillo se dedicó, como secretario de Hacienda, a preparar su reemplazo en la Presidencia y fue relevado por Beteta. Tal forma de imponer el actual mandatario su modo de ver la economía no alarmó a la “mafia del poder”, lo sabían de antemano, tan es así que recibió incuestionable apoyó, con su liderazgo, del súper magnate Carlos Slim.



ESTRATEGIA DEMOLEDORA DE LA ECONOMIA PRODUCTIVA


Ahora éste parece preocuparse por lo que pueda acontecer de prolongarse la terquedad de López Obrador en continuar con su estrategia demoledora de la economía real, sustentada en la ilusión de la ayuda asistencialista sin más objetivo que mantener su popularidad entre las masas depauperadas y desmovilizadas. De ahí el llamado de Slim a que “las personas tengan ingreso, poder adquisitivo, combatir la pobreza… Hacer que 50 millones de mexicanos de los 130 que hay en el país, se incorporen a la economía”. Sólo le faltó decir cómo lograrlo, pero sí afirmó que México “no ha sabido aprovechar oportunamente oportunidad tras oportunidad”. Lástima que no se refiriera, de pasada, a la culpa que concierne a la cúpula empresarial de tan terrible desaprovechamiento.

Con todo, lo que cabría esperar luego de tal exhorto, es que el connotado magnate se comprometiera a encabezar una lucha sin cuartel contra la pobreza; pero eso es como “pedir peras al olmo”. La élite oligárquica no está acostumbrada a seguir el ejemplo de sus predecesores de inicios del siglo veinte, quienes tenían un conveniente compromiso social concreto: crear las condiciones para apuntalar una industrialización incipiente que permitiera mejor aprovechamiento de los enormes recursos naturales de este país. No se pusieron a esperar que el gobierno los apoyara con recursos financieros, sino que los crearon con procedimientos propios del capitalismo: la explotación de la mano de obra.



DIVISION DE PODERES, VALIDA SI FAVORECE AL MANDATARIO


Los dos años que restan al sexenio se vislumbran muy inciertos para las clases mayoritarias, no sólo en el terreno de sus necesidades básicas, sino en el político por las consecuencias que pueda acarrear la insensibilidad social del presidente López Obrador, que sabe disfrazar muy bien con su palabrería demagógica. No está por demás referirse al incidente ocurrido la semana pasada, en la Terminal Uno del AICM, donde fueron desalojados con lujo de fuerza los jubilados de Mexicana de Aviación, quienes tenían un espacio en la zona de mostradores que perteneció a la empresa, desde 2015, en la cual vendían café y diversos productos de consumo que les permitían sobrevivir.

Pero el mandatario no se dio por enterado, sí en cambio se molestó sobremanera porque los cuatro magistrados de la SCJN (tres mujeres y un hombre) que propuso, “olvidaron el proyecto de transformación”. Queda así de manifiesto que la división de poderes es válida sólo si se acatan sus propuestas, situación que tendrá que resolverse sin tardanza, de un modo o de otro: aceptando él las decisiones de los otros poderes o imponiendo las suyas tal como ha sido tradición en el sistema político mexicano. El pago sería quitarse la careta de “demócrata defensor” del Estado de derecho.

La realidad del país, luego de cuatro años del sexenio pomposamente llamado de la Cuarta Transformación, no podía ser más dramática, hecho que se habrá de corroborar con el presupuesto de egresos para el año 2023. Inercialmente seguirá el rumbo del estancamiento económico, con el riesgo de que la situación internacional se complique aún más, con las consecuencias dantescas que cabría esperar en los próximos años. Como quiera que sea, el legado que recibirá quien suceda al actual mandatario no puede ser más ominoso.


Memo.FQ@hotmail.com

Twitter: @VivaVilla_23


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