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  • Foto del escritorLibertad Diario

PONER FIN A CONCESIONES, APOSTASIA PARA EMPRESARIOS; JUSTICIA EN FAVOR DE LA DEMOCRACIA


La construcción del Tren Maya es uno de los temas que más han desatado la ira de los sectores conservadores. La consideran una obra inviable, tanto por sus costos que consideran irrecuperables, como por los daños que según ellos causará en las zonas arqueológicas por las que cruza en los estados que conforman la Península Yucateca. Lo cierto es que la experiencia histórica demuestra que las grandes obras de infraestructura se convierten en piedra angular de un desarrollo sustentable, independientemente de los factores políticos que influyeron en su construcción.


FINALIDAD SOCIAL POR ENCIMA DE INTERESES OLIGÁRQUICOS


Lo fundamental en una obra de las características de ésta, es que tenga una finalidad social con miras progresistas, por encima de factores economicistas y puramente tecnocráticos. Eso es lo que se debe garantizar, lo cual implica el imperativo de que su administración se lleve a cabo bajo lineamientos de políticas públicas, no empresariales. Esto es lo que subyace en los argumentos de los críticos de la obra, sin que tengan una respuesta apropiada de la parte gubernamental.

Podría decirse que la definición del rumbo que se le quiera dar una vez que comience a prestar sus servicios, dependerá de los intereses que prevalezcan en ese momento. Este es el fondo del tema, el cual no se ha puesto sobre la mesa del debate público. Sin embargo, tendrá que darse porque es una cuestión ineludible. Hasta ahora, lo que parece obvio es la prevalencia de los intereses privados, pues el Estado perdió su capacidad rectora a partir de que en los años ochenta el sueño de los grandes monopolios trasnacionales se hizo realidad con el neoliberalismo.


URGE CONSOLIDAR LA RECTORIA ECONÓMICA DEL ESTADO

Sin embargo, cuarenta años después la situación global es muy diferente: el neoliberalismo se pudrió por sus excesos mercantilistas sin ningún freno, a extremos inauditos, como lo patentiza una descomposición social irrefrenable, alimentada por la desigualdad concomitante, cuyo motor es el círculo vicioso del consumo como forma y sentido de la vida, sin otra finalidad que satisfacer un capitalismo que se muerde su cola. Y para nuestra desgracia, como país limítrofe del imperio más voraz que ha existido, gracias al progreso científico y tecnológico que alcanzó en muy poco tiempo, las cúpulas del poder en México se dejaron llevar por la inercia de tan ventajosa situación, pero en calidad de subsidiarios menesterosos.


SIN UN SISTEMA FERROVIARIO ESTATAL NO HAY DESARROLLO


Esto explica el horror que despertó el anuncio presidencial de una posible estatización de los ferrocarriles, si los empresarios que se beneficiaron con su privatización (particularmente Germán Larrea), se niegan a prestar servicios de pasajeros en algunas vías que lo demandan en beneficio de amplios sectores de población. Tomar esa medida sería un acto de congruencia en la dirección correcta, tanto económica como socialmente, pues no hay nación en el mundo que no haya fundamentado su progreso en la comunicación ferroviaria, bajo la rectoría del Estado.


VITAL: ADMINISTRAR TREN MAYA CON PULCRITUD Y HONESTIDAD


De ahí que el Tren Maya, para asegurar su viabilidad, necesariamente deberá ser administrado con pulcritud y honestidad; con la garantía de que prevalecerá el interés de la sociedad en su conjunto, no el de unos cuantos intereses privados, ni tampoco de carácter militar. La estrategia a seguir tendrá que ser la de un Estado participativo, democrático, incluyente, como lo exige una población que demanda satisfactores concretos, única garantía para asegurar la estabilidad política sin la cual no es factible un verdadero estado de derecho.

Sin equilibrios socioeconómicos elementales no habrá posibilidad de sobrevivencia, como lo patentiza, con crudo dramatismo, el cambio climático. La única manera de lograrlo es con la preeminencia de los intereses colectivos sobre los de minorías rapaces, las cuales acrecentaron su poder gracias al neoliberalismo, como sinónimo de impunidad para los sectores beneficiarios de la prevalencia del mercado exento de regulaciones básicas. Querer que el Estado vuelva a ser un factor de equilibrios convenientes para la sociedad en su conjunto, es lo que se pretende frenar con argumentos tan falaces como el de afirmar que eso es una práctica “comunista”.


EL SECTOR PARAESTATAL, PUNTAL DEL PROGRESO SUSTENTABLE


No debe olvidarse que el sistema ferroviario mexicano fue puntal del desarrollo de México; que gracias a éste fue posible derrotar a un régimen despótico en profunda descomposición; que fue la punta de lanza del progreso que se produjo a partir de la fundación de empresas estatales estratégicas, en el sexenio del presidente Lázaro Cárdenas; que el conocido como “milagro mexicano” tuvo su raíz en la rectoría del Estado sobre la economía. Al llegar a la Presidencia Miguel de la Madrid el país contaba con mil 155 organismos paraestatales; todos fueron factor fundamental para la creación de empleos sin los cuales habría sido imposible el fortalecimiento del crecimiento a tasas de 6 por ciento anual en promedio, con tasas de inflación que no superaban 3 por ciento.

El propio mandatario expresó, en su primer informe de gobierno, lo siguiente: “El sector paraestatal influye de manera decisiva en la economía, ya que aporta la tercera parte del producto industrial, genera 700 mil empleos, realiza alrededor del 80 por ciento de las exportaciones… produce insumos estratégicos y está presente en las ramas de cuyo desarrollo depende en buena medida la modernización del aparato productivo”. Sin embargo, al finalizar su mandato, la situación era radicalmente diferente: en ese sexenio se logró imponer el pensamiento neoliberal sobre el de la Revolución Mexicana.


EL PRI HISTÓRICO SE EXTINGUIO CON EL NEOLIBERALISMO


La ideología antidemocrática subyacente se impuso por conducto del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Lo que se denominó de modo eufemístico como “desincorporación” y “programas de ajuste” fue, llanamente, el desmantelamiento de la actividad productiva del Estado. Se puso fin al PRI histórico, nacionalista y comprometido con la defensa de intereses estratégicos del país. Se justificó la privatización de empresas paraestatales, forzando su mala administración y apuntalando la corrupción, paralelamente al reforzamiento de subsidios que apuntalaran su venta, de manera absolutamente en favor de los beneficiarios con su adquisición.


SUICIDA CONTINUAR EL NEOLIBERALISMO A RAJATABLA


De ahí que suene como una apostasía la advertencia del presidente López Obrador de poner fin a las concesiones a empresarios privados que no atiendan su compromiso social, como lo ha hecho la mayoría de la cúpula beneficiaria desde hace cuatro décadas, particularmente en el ámbito de las comunicaciones electrónicas, y desde el gobierno de Zedillo en el de los ferrocarriles con una función de interés público. El servicio de pasajeros en tren es vital en esta hora tan dramática para el mundo; como lo son también los medios electrónicos, propiedad del Estado, así como el Servicio Postal Mexicano (SEPOMEX).

Los estados nacionales están obligados, so pena de ser rebasados por la realidad, a ponerse al servicio de la sociedad en su conjunto. No se debe esperar que sobrevenga una catástrofe financiera y económica que acabe con el futuro de la humanidad, como sería el caso de mantener una estrategia como la impulsada en los años ochenta, excluyente, deshumanizada y absolutamente irracional, pues afectaría incluso a sus propios beneficiarios. Lamentablemente son unos cuantos quienes lo entienden y actúan de modo consecuente.

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