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TRUMP GANÓ, LA DEMOCRACIA BURGUESA ES UN MITO

Guillermo Fabela Quiñones


Los resultados de la elección intermedia en Estados unidos no sorprendieron a nadie, lo único que llamó la atención es el abstencionismo de votantes, sobre todo latinos, signo claro del desencanto por el mal desempeño del gobierno demócrata en la Casa Blanca, decepcionante para quienes esperaban diferencias sustanciales con candidatos del Partido Republicano. Este proceso permitió que el ex mandatario Donald Trump pasara del umbral de un juicio legal a seguir soñando con hacer de Estados Unidos el líder de un mundo dominado por el capitalismo al servicio de súper monopolios globalmente hegemónicos.

El voto irracional decidió el rumbo a seguir los años venideros, no por falta de conocimiento de la realidad que se vive dentro del país, sino por la irreflexión sobre las consecuencias de lo que sobrevendrá con el predominio de intereses ultra reaccionarios, en un mundo que sobrevive en condiciones cada vez más dramáticas y calamitosas para más de dos terceras partes de la humanidad, en contraste con las minorías en Occidente que no desisten de sus ambiciones por obtener aún más beneficios de los bienes terrenales aunque el planeta pierda su capacidad de resiliencia ante tanta explotación.



SE FAVORECE LA ENAJENACIÓN, LA BRUTALIDAD Y EL DESENCANTO


El país que se autoerigió como el paladín de la democracia se hunde más en un maremágnum de descomposición social que lo está llevando a escenarios apocalípticos, por el desenfreno de quienes tienen el control de los medios de producción con la finalidad prioritaria de obtener más y más ganancias, lo que implica más y más explotación de los recursos naturales y más y más costosas inversiones, que si bien favorecen innovaciones científicas y tecnológicas que impulsan progreso, también favorecen mayor desigualdad social, enajenación y brutalidad.

Estas elecciones intermedias no cambian nada el mapa coloreado en partes iguales por el rojo y el azul representativo de los partidos que determinan los límites de lo que se entiende por democracia en la súper potencia. El éxito que este sistema ha tenido a lo largo de su historia, gracias a la capacidad de sus fundadores para implantarlo con la finalidad de ser el cauce de sus ambiciones hegemónicas, sintetizadas en lo que llamaron Destino Manifiesto, está en riesgo en la actualidad no sólo por su desgaste después de dos siglos de ejercicio del poder entre uno y otro partido, sino porque buena parte del mundo está saliendo de su inmovilidad obligado por la necesidad de sobrevivir, con el gigante chino a la cabeza y con Rusia como factor disuasorio de una guerra atómica que acabaría con la vida.



¿DÓNDE QUEDA LA DEMOCRACIA SIN VOTANTES EN LAS URNAS?


Esto es inaceptable por las cúpulas de la plutocracia imperialista (el Grupo de los Siete), de ahí su persistencia en seguir adelante con sus planes de dominación planetaria. Esto los lleva a desentenderse de las necesidades básicas de sus propios pueblos, como lo advierten con más claridad las masas afectadas de modo cada vez más dantesco, aunque por su desorganización lo único que tienen a la mano es el voto de castigo a quienes están en el poder, sin razonar que son los mismos, aunque se vistan de diferente color. Esto lo vemos claramente en Estados Unidos, donde da lo mismo que sean demócratas o republicanos quienes ocupen los principales cargos públicos.


Es lo mismo que ha venido ocurriendo en América Latina, y desde luego en nuestro país, como ahora lo vemos con plena objetividad. Los cambios que lleven a una positiva y progresista distribución de la riqueza, no se ven por ningún lado. De ahí el desencanto de los pueblos, que los lleva a la desesperación que se manifiesta en votos a sus verdugos, con la notable excepción en este momento en Brasil, gracias al despertar del pueblo por los excesos de las élites oligárquicas y de los “falsos profetas” que se desenmascaran tarde o temprano.



SIN PROYECTOS CONTRASTANTES SE ALIMENTA EL ABSTENCIONISMO


Con los resultados electorales de los comicios del martes, se dan las condiciones para que la ultra derecha vuelva a la Casa Blanca, lo cual paradójicamente traerá posibilidades de cambios más sustantivos en el corto plazo, ante el temor al terrorismo de Estado que querrá implantar el gobierno de Donald Trump, una vez en el poder. El problema es que Biden no cuenta con un motor social que le permita echar a caminar un proyecto alternativo. Esa mitad de la población que aún sueña con una democracia efectiva y eficaz, sufrirá las consecuencias de un modo de ejercer el poder fundado en el odio racial, el determinismo ideológico reaccionario y el desprecio a la cultura, la ciencia al servicio del progreso social y el divisionismo clasista como norma irrenunciable.

Es lo que debería haber hecho el presidente Biden: construir una base social consciente que le diera fortaleza. No lo hizo Barack Obama ni cualquiera otro de los que llegan a la Casa Blanca blandiendo banderas progresistas, como Bill Clinton. No actúan como lo prometen en campaña y pagan el costo en las urnas. El único presidente estadunidense que se comportó a la altura de su compromiso histórico fue Franklin D. Roosevelt, desde entonces no ha habido otro. Fue el único que superó el estigma supremacista de la raza anglosajona, el cual sigue vivo y ahora con más vigor por el extraordinario crecimiento que alcanzó la economía estadunidense luego de la instauración del neoliberalismo.



RIESGO DE MÁS PROFUNDAS DIVISIONES Y ANTAGONISMOS


En consecuencia, no sólo al pueblo estadunidense sino a los latinoamericanos (particularmente a nosotros, sus obedientes vecinos) nos esperan dos años de pronóstico incierto, siempre con el “gran garrote” sobre nuestras cabezas. Con un presidente Biden desesperado, la cúpula del Partido Demócrata atada de manos, y la industria bélica de plácemes por las cuantiosas ganancias que seguirá recibiendo, aunque el mundo se hunda en el círculo vicioso de la inflación con estancamiento y depresión.

En el lapso que falta para el 2024 se seguirá la inercia de las relaciones bilaterales como están diseñadas en el T-MEC. Tan dramática realidad sería “ganancia”, porque existe el riesgo de que se impongan, a partir de enero, condiciones más draconianas a nuestro país, las cuales le darían margen al presidente López Obrador de dar rienda suelta a su modo peculiar de ejercer el mando del Ejecutivo, con una demagogia sin más freno que el que le impongan desde la Casa Blanca, con la consecuencia previsible de que los mexicanos nos dividamos cada vez más.



CREADORES DEL MONSTRUO, PRIMEROS QUE SE ASUSTARAN


Ni que decir que, a su vez, esto daría margen a menor capacidad de organización social, en una etapa en la que este es el único camino que permitiría construir un muro de contención al neofascismo, y también al populismo que enarbola el actual mandatario. Los hechos serán, con su implacable lógica, los que determinen el rumbo a seguir, con el despotismo montado en los grupos oligárquicos dispuestos a lograr sus objetivos de acumulación desbocada, que activarán una lucha de clases en la que desgraciadamente el pueblo pondrá las víctimas. Luego, esos mismos creadores del monstruo llamado neoliberalismo serán los primeros en asustarse y huir con sus capitales.


Memo.FQ@hotmail.com

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