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TRASCENDENCIA HISTORICA, LAS ELECCIONES EN BRASIL

Guillermo Fabela Quiñones


A estas alturas del sexenio, ha quedado muy claro que la Cuarta Transformación no es otra cosa que el cierre con otro broche de la etapa neoliberal que se inició a fines de los años setenta del siglo pasado. La tan traída y llevada “transformación” que tanto pregona el presidente López Obrador, en el fondo es el amoldamiento del sistema político a los imperativos de la globalización conforme a los nuevos lineamientos de los intereses financieros y políticos de Estados Unidos y sus aliados, en un marco geopolítico que los obliga a enfrentar el surgimiento de China como potencia económica y de Rusia como bastión para fundar un mundo multipolar.

La vuelta hacia el fascismo en Italia y otros países europeos, es consecuencia de la decepción de los pueblos al fracaso del cambio que les había prometido una clase política con tintes reivindicatorios. Es lo mismo que sucedió en América Latina, y particularmente en nuestro país, con el arribo de un gobierno supuestamente de “izquierda”, que en los hechos ha demostrado apuntalar firmemente la estructura económica neoliberal, bajo el disfraz de políticas públicas de enorme costo financiero a mediano y largo plazos, con la finalidad de paliar la desigualdad sólo en la superficie y en el fondo dejar sus causas intocadas, merced a una inescrupulosa acción que sólo sirve para engañar el hambre de los más pobres.



UN MAL AUGURIO LA SEGUNDA VUELTA ELECTORAL EN BRASIL


En el caso de Brasil, Jair Bolsonaro llegó al poder por la puerta del golpe de Estado legislativo, única opción para frenar los avances progresistas de los gobiernos del Partido Popular. El problema para sus patrocinadores es que no ha tenido la capacidad de López Obrador para manipular a las masas, ni su retórica demagógica para enfrentar a las clases medias y organizaciones progresistas, que en nuestro país lamentablemente son muy pocas y en decadencia, merced a la inmovilización social impulsada desde los años ochenta por la tecnocracia neoliberal que hizo muy bien su labor de zapa contra México. Ni que decir que la enjundia juvenil del año 1968 quedó en el pasado.

Luis Inacio Lula da Silva, contra lo que manifestaban las encuestas, no pudo rebasar el 50 por ciento de los votos necesarios para evitar una segunda vuelta. El repunte de Bolsonaro es un mal augurio, pues la segunda vuelta, de aquí a que se lleve a cabo el 30 de octubre, este lapso puede ser aprovechado por las fuerzas neofascistas ocultas entre quienes pasan como “indecisos”, en tanto que Lula superó con cinco puntos a su rival de extrema derecha. Hay tiempo suficiente para que los “expertos”, de sobra conocidos en América Latina, profundicen su trabajo en los sótanos del poder para evitar que el popular Lula llegue a la Presidencia, con la sabiduría política y la experiencia redobladas después de sufrir una oprobiosa persecución por parte de los intereses capitalistas más depredadores.



POSIBILIDADES DE LOGRAR UNA PATRIA GRANDE INCLUYENTE


Tendría la oportunidad, una vez asumida la Presidencia, de llevar a su país a ser una potencia económica con futuro promisorio, siempre y cuando sume a su proyecto de nación a las clases sociales mayoritarias, retome políticas públicas realmente progresistas e incluyentes, frene la devastación de los recursos naturales, fortalezca la organización de sus bases sociales para que sean su principal escudo, ante adversarios del pueblo encubiertos en sectas religiosas.


Entonces, el llamado grupo de los BRICS (Brasil, Rusia, China, India y Sudáfrica) tendría un sentido geopolítico concreto, con miras de largo alcance con el fin de frenar la deshumanización del mundo bajo un poder unilateral, al servicio de la economía belicista y de la hegemonía del capitalismo financiero ultra depredador. Entonces, México tendría la oportunidad histórica de ser miembro de la Patria Grande en condiciones menos riesgosas, menos apremiantes para una sociedad cada vez más mediatizada y desigual.



URGE AFIANZAR CONDICIONES PARA LOGRAR SOBERANIA REAL


Se daría paso, necesariamente, a un proceso político con una nueva visión de futuro, con viabilidad de generar una sociedad en verdad participativa, sin la posibilidad de ser neutralizada por demagogos al servicio de los grandes intereses geopolíticos, con fuerza suficiente para negociar condiciones favorables en la relación con Estados Unidos y Canadá, de la cual hasta ahora se carece en absoluto, como lo patentiza el T-MEC. Se abrirían posibilidades de una defensa de nuestra soberanía de manera realista, que mucho ayudaría a que el pueblo estadunidense se vaya despojando de sus vendas que le impiden ver más allá de sus fronteras idílicas, de lo que se aprovechan las élites que no tienen empacho en llevar a la humanidad a una nueva guerra mundial.



EN ESTA HORA NO HAY PERTENENCIAS A ZONAS GEOPOLITICAS


Por lo pronto, hay que esperar que el pueblo brasileño defienda su derecho a la vida, a legar a sus descendientes un país que siga siendo el “pulmón del mundo”, que no se deje embaucar por neofascistas con rostro amable ni demagogos disfrazados de “izquierdistas”. No es hiperbólico decir que del resultado electoral en Brasil depende en buena medida el futuro del planeta, no sólo de los brasileños. Por eso es tan importante la participación consciente de la sociedad en la vida de los pueblos, pues sin ese factor fundamental no será posible evitar la hecatombe que nos amenaza, como lo advertimos en estos meses sombríos por la guerra desencadenada por Estados Unidos y sus aliados en Ucrania.

En esta hora de la humanidad no se trata de pertenencias a tal o cual región geopolítica, Occidente y Oriente son a final de cuentas un solo mundo, una sola humanidad. Por eso asombra y entristece que la ONU sirva sólo a intereses del bloque occidental, y que lo mismo hagan líderes de alcances ecuménicos como el papa Francisco, que sólo utilizan su poder para hacer “denuncias” abstractas, sin comprometerse a nada, como igualmente lo hacen las sectas disfrazadas de religiosidad que en el fondo son meros organismos mediáticos al servicio de intereses espurios.

Mientras tanto, la llamada Cuarta Transformación nos patentiza su inviabilidad concreta, gracias a la capacidad del mandatario para manipular a las masas, y sobre todo a su decisión de que nada lo afecte para proseguir su labor con la que se planeó, por las cúpulas, el cierre de un periodo que dejó de serles indispensable para sus negocios, ya sin las presiones sociales que amenazaban rebasarlos. Lo que venga después dependerá de lo que suceda en Brasil. Por lo pronto, el PRI está de nuevo en el poder bajo un solo color, la derecha azul a la expectativa, esperanzada en que le echen un anzuelo los neonazis extranjeros, y la izquierda rumiando su desconsuelo por su oportunismo y ausencia de convicciones.


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