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¿TRANSFORMACION O REGRESION?

SOLILOQUIOS DE ULTRATUMBA


¿TRANSFORMACION O REGRESION?

Guillermo Fabela Quiñones


¡Vaya sorpresas que nos da la historia! ¿Quién hubiera imaginado que después de cien años mi modo de hacer política resurgiría con más fuerza que en mis mejores años como máximo líder de la Revolución? Me congratulo por un hecho que confirma la regla de que la Historia se repite, aunque en forma de parodia la mayoría de las veces.

Claro que me ufano de que de un modo o de otro mis prácticas políticas hayan revivido con tal intensidad como en este momento. Desde luego no es mérito mío, pues mi imagen pública fue destruida en cuanto abandoné el país. Lo hicieron con habilidad, de eso no me cupo duda, pero de ello echo la culpa a mi edad, a que mis mejores años habían quedado atrás. Mi principal fortaleza, la astucia y mi sexto sentido, por lo que tanto me alabaron y temieron, se adormiló sin darme cuenta.

Fue demasiado tarde cuando reaccioné, ya no pude hacer nada una vez que mis más leales subalternos me abandonaron, absorbidos por la vida muelle que los ablandó y puso una venda no sólo en sus ojos sino en su entendimiento. Confieso que yo tuve gran parte de culpa, me dejé seducir también por el dulce sabor de los placeres que da el poder. ¡Y vaya que lo tuve cuando pusimos fin a las ambiciones de Álvaro! Él mismo nos alentó a cometer el magnicidio con su sangriento proceder. Sabíamos que, al asumir la Presidencia, su prioridad sería acabar con nosotros, quienes lo acompañamos en su lucha contra los conservadores y reaccionarios.

¿Cómo imaginar que el más joven y fiel de mis generales iba a tenderme una trampa? Todos a mí alrededor tampoco lo pensaron, satisfechos de constatar que tenían asegurado su espacio de poder a mi lado por otros cuatro años más. Daban por hecho que nada cambiaría en el régimen de firmes bases que construí con pasión y patriotismo. Me tocó consolidar las instituciones que siguen vivas hasta ahora, como el Banco de México, inicié la construcción de carreteras, construí presas, sistemas de riego, los bancos Ejidal y Agrícola, y cientos de escuelas rurales.

Lo que más orgullo me daba entonces fue la institucionalización del sistema político, al crear el Partido Nacional Revolucionario (PNR), que me volteó la espalda, pero lo pagó con su desaparición y el surgimiento del Partido de la Revolución Mexicana (PRM). Adalberto Tejeda, Aarón Sáenz, Alberto J. Pani, junto con Luis N. Morones terminaron junto conmigo sus días como adalides del cambio en nuestro país.

Hoy, junto conmigo, están disfrutando que nuestro régimen renació un siglo después, con mejores augurios y más amplios horizontes, con una juventud adormecida, un pueblo sin líderes ni posibilidades de tenerlos porque de inmediato son cooptados, y nuestros vecinos del Norte aprovechando astutamente nuevas circunstancias geopolíticas y económicas, con demagogos que se hacen pasar como progresistas. ¿Cómo no estar contentos?


Los artículos e ideas aquí plasmados, son responsabilidad de los autores y no corresponden necesariamente con el criterio editorial de ciencialibertad.org


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