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SIN VOLUNTAD PARA PONER FIN A LAS OLAS MIGRATORIAS

Guillermo Fabela Quiñones


Con el dramático incremento de migrantes que mueren al intentar cruzar la frontera con Estados Unidos, la violencia del crimen organizado y la inseguridad en las zonas urbanas de importantes regiones del país, las relaciones bilaterales marchan en un maremágnum de presiones que serán decisivas para la designación del sucesor del presidente López Obrador de aquí a un año y pocos meses. Esta realidad se complica aún más por la ausencia de contrapesos efectivos al rumbo que sigue el régimen de la Cuarta Transformación, de traspiés que desconciertan a muchos y dan margen a que se justifiquen ataques de una oposición sin liderazgos.

El mandatario anunció que el 11 de julio se llevará a cabo la anunciada reunión, en Washington, con el presidente Joe Biden, en la cual propondrá dos temas centrales: acciones bilaterales que intensifiquen la colaboración para atenuar los efectos de la inflación global, y la regulación de los flujos migratorios. Sin duda, se trata de cuestiones fundamentales en la actual coyuntura geopolítica bilateral, y lo razonable es concretar acuerdos duraderos. Sin embargo, un análisis somero de la realidad nos muestra que no hay condiciones concretas para lograr resultados en esa dirección, al menos en lo que resta del ejercicio de gobierno en ambos países.


LA INFLACION GLOBAL, POR LOS EXCESOS DEL NEOLIBERALISMO


La inflación global llegó para quedarse un largo rato, ahora debido al desatino del Grupo de los Siete de pretender impulsar la carrera armamentista por encima del imperativo de sanear las economías por los excesos de las políticas neoliberales durante cuatro décadas. Siguen empeñados en continuar el despropósito de calentar la ofensiva contra Rusia, con una irresponsabilidad que recuerda los años de ascenso del régimen de Adolfo Hitler. En el entorno político de Washington y del Pentágono mismo hay voces que llaman a poner fin a tal locura, no de otro modo puede calificarse al afán de querer acorralar a Rusia con el pretexto de “liberar” a Ucrania.

En cuanto a los flujos migratorios, es impensable acuerdo alguno mientras la clase política estadunidense esté dividida en lo que se refiere al modo de enfrentar este flagelo. Esto se manifiesta cada vez que hay sucesos como el ocurrido en un páramo de Texas, cerca de San Antonio, donde murieron 53 migrantes indocumentados que iban hacinados en un tráiler, el cual fue abandonado por el chófer. El gobernador Greg Abbot culpa de casos como éste a la política del presidente Biden de “puertas abiertas” a los migrantes, que incrementó el fenómeno; en tanto el inquilino de la Casa Blanca arroja la culpa a los coloquialmente llamados “polleros”, sin mencionar las causas estructurales de las olas migratorias.


REUNION INTRASCENDENTE EN EU SIN COMPROMISOS A FUTURO


De ahí que la reunión en Washington de los mandatarios de México y Estados Unidos, si sólo fuera para abordar estos temas está destinada a ser sólo un pasatiempo intrascendente. Desde luego, lo relevante del encuentro no será dado a conocer a los medios; con todo, al paso de los meses se irá sabiendo el trasfondo de los asuntos bilaterales que llevó a realizarlo. Pero es evidente que lo que preocupa a las cúpulas de Washington y Wall Street en su relación con el gobierno mexicano, es el afianzamiento de prácticas tendientes a dar cierta libertad económica al Estado mexicano, proceso que el presidente López Obrador tuvo el cuidado de que no se saliera del cauce neoliberal en el Congreso. Aun así, no lo admiten.

Ni que decir tiene que el problema con los migrantes entre ambos países es un tema de muchas aristas, las cuales obedecen al hecho incuestionable de que Estados Unidos ha estado cerrando sus fronteras al flujo migratorio de latinoamericanos, tanto por razones políticas internas como por el imperativo de mantener la demanda de mano de obra indocumentada por debajo de la oferta. Ahora más, por los desplazamientos de población al alza derivados de la guerra en Ucrania y otros desastres en África, enclave histórico del imperialismo de viejo cuño, como la muerte de 23 subsaharianos en la frontera entre Melilla y Marruecos.

El Banco Mundial informó en días pasados que siete de cada 100 dólares que México recibe en remesas se destinan al pago de “polleros”, mientras que la ONU dio a conocer que, de 2014 a la fecha, más de 2 mil 500 personas han muerto en la frontera entre ambos países en su intento por llegar a territorio estadunidense. Lo que no señalan ambos organismos multilaterales, es que tan dramática realidad podría evitarse si el gobierno estadunidense, cualquiera sea el partido que detente el poder, pusiera en práctica medidas concretas en favor de las economías expoliadas históricamente por grandes empresas estadunidenses, desde principios del siglo veinte.


VORACIDAD DE LAS TRASNACIONALES APUNTALA RIESGOS


Eso es impensable, como se advierte en el hecho de que siguen empeñados en esa práctica que tiene a tres cuartas partes del mundo en calidad de rehenes de las grandes trasnacionales, cada vez más poderosas y desfasadas de la realidad social del planeta. Ahora, con la decisión de Rusia de no dejarse intimidar por la OTAN y afianzar su postura defensiva, y cortar los suministros de gas a países europeos, enseñaron que su interés por impulsar el desarrollo de energías limpias es pura demagogia: hablan de regresar al uso del carbón, de ser necesario ante la “intransigencia” de Moscú de no permitir que su soberanía sufra menoscabo.

En cambio, en los círculos financieros de Washington y Wall Street continúan las presiones para que México acepte sin chistar las embestidas contra tímidas medidas en defensa de nuestros recursos, ya dilapidados con creces en los seis sexenios anteriores. Larry Rubin, presidente de The American Society of México, en un reciente evento convocado por la Coparmex, adelantó que Katherine Tai, representante comercial del gobierno de Biden, “analiza interponer nuevas controversias contra México bajo las reglas del T-MEC, ante la preocupación por las normativas en materia energética, por la competencia desigual con la CFE”, cuando la deslealtad está en los abusos de empresas como Iberdrola.

En esa reunión, un representante de Citibanamex puntualizó: “Ningún partido había acumulado tanto control desde 1999, cuando el PRI fue por última vez un partido dominante”. Recurrió a un símil deportivo, ahora en términos futbolísticos, para afirmar: “Creemos que la segunda mitad del partido de vuelta, ya en la recta final hacia las elecciones de 2024, podría (la oposición) volverse competitiva”.

Sobra decir que tal punto de vista no encaja con la realidad: la verdadera oposición está dentro de las filas de Morena, aunque es minoritaria y sin viabilidad de crecer en tan poco tiempo. Es la que tiene conciencia de que Morena sigue una ruta equivocada, mientras no apuntale su fuerza con una base social que impulse la erradicación de la presencia del régimen neoliberal de sus filas. De otra forma, las corrientes conservadoras no tendrán motivos para preocuparse.


MemoF.Q@hotmail.com

Twitter: @VivaVilla_23

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