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RECORD INSOLITO EN EL ZOCALO, MAL AUGURIO FUTURO

Guillermo Fabela Quiñones


Es comprensible que el gobierno de la Ciudad de México pretenda distraer a la ciudadanía con actividades impropias por su sentido y vacuidad. Lo es por cuanto que la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, es quien a todas luces es vista como la preferida por el presidente López Obrador para sucederlo en Palacio Nacional; en consecuencia, se debería mostrar como una funcionaria preocupada por llevar a cabo su difícil y compleja encomienda con seriedad y respeto al drama cotidiano que viven millones de habitantes de la macro urbe, situación que refleja la realidad nacional.

Prestarse a realizar eventos masivos disfrazados de “entretenimiento” propio de las empresas televisoras privadas que han deformado, durante décadas, el alma de los mexicanos, demuestra que es capaz de cualquier cosa con tal de mantener el apoyo irrestricto de quien se asume como el continuador del cambio histórico que necesita el país, aunque en los hechos ha demostrado ataduras que no le permiten, o él mismo no quiere hacerlo, hacer los cambios estructurales que demanda una nación dramáticamente saqueada, devastada su estructura social, distorsionado su devenir histórico, durante décadas cuyo transcurrir fue en picada desde los años setenta del siglo pasado.


ALIMENTAR EL ESPIRITU, MÁS AHORA CON TANTA PODREDUMBRE


Las declaraciones que hizo el mandatario en la mañanera del lunes dejan ver su complacencia por el evento masivo en el Zócalo: “… ayer fue un día extraordinario, estuve contento, me asomé por la ventana, cuánta gente, cuantos jóvenes. Me da mucho gusto eso… una buena iniciativa de la jefa de Gobierno porque no sólo de pan vive el hombre”. Efectivamente, el ser humano necesita alimentar su espíritu, enriquecerlo para hacerlo menos imperfecto; tener capacidad para ver más allá de lo material y saber controlar sus bajos instintos, situación preocupante en esta hora de México y el mundo.

Sin embargo, todo esto no se va a conseguir con eventos como el del pasado domingo, el cual quedará en la memoria no como el que rompió el récord de asistentes a la plaza pública más grande e importante del país, sino como el que demostró el bajísimo concepto que el régimen de la “Cuarta Transformación” tiene de la Cultura, una de las actividades fundamentales de la humanidad para lograr la grandeza que permitió la creación de obras de arte inmortal, de ciencia y tecnología impensable sin la cultura, entendida como la fase más trascendente del papel del ser humano en nuestro planeta.


AGRAVIO INCALIFICABLE A LA GRANDEZA CULTURAL DE MEXICO


La presencia de la banda de “música” grupera llamada Firme en el Zócalo capitalino ha sido un agravio incalificable a la gran cultura mexicana, cuya riqueza nos ha hecho un pueblo digno de admiración y respeto, a partir de los vestigios de las grandes civilizaciones prehispánicas hasta nuestro tiempo. Es un hecho vergonzoso que nos coloca en un nivel que no merecemos en el campo de la cultura, teniendo en cuenta los antecedentes históricos tan extraordinarios en el campo de las artes y las letras, que se valoran más en el extranjero que aquí, como ahora nos lo confirma este malhadado “concierto” que tanto le gustó al primer mandatario.


Esto nos explica por qué las actividades culturales en nuestro país ocupan un nivel ínfimo en la distribución del gasto público. Para este año se destinó la cantidad de 15 mil 28 millones de pesos, 3.6 por ciento más con respecto al presupuesto de 2021. Nada comparativamente con lo que se ha gastado en el polémico Tren Maya, y ni qué decir con las otras obras emblemáticas del mandatario. Obviamente, esto nos lleva a la conclusión de que no será alcanzable, así como vamos, un cambio estructural de fondo, particularmente en lo que se refiere a la construcción de un Estado de derecho con justicia social y democracia incluyente. Con decir en las mañaneras que “vamos muy bien”, no se van a producir los cambios que demanda la sociedad en su conjunto, todos de enorme complejidad.


QUÉ MÁS QUISIÉRAMOS QUE TODO LE SALIERA BIEN AL GOBIERNO


Sería extraordinario que así fuera en verdad; qué más quisiéramos, la inmensa mayoría de mexicanos, que las políticas públicas estuvieran caminando de modo exitoso, que pudiéramos aplaudir al mandatario con entusiasmo como lo hicimos al principio de su mandato (mis artículos de hace cuatro años lo confirman: confieso que yo fui uno de quienes creyeron que lo daría todo para cumplir sus promesas). Hoy no tiene sentido que siga echando la culpa de lo mal que vamos a sus adversarios, “a los conservadores que quieren que fracase mi gobierno”.

No, no es así: vamos por mal camino debido a que sigue atado a compromisos que le impiden romper la cadena de complicidades que durante tantos sexenios se ha estado conformando, tanto a nivel nacional como internacional. Es cierto que le heredaron un lodazal los gobiernos neoliberales, que todos los males que estamos padeciendo se apuntalaron en ese periodo, que la violencia irrefrenable se generó a partir de la descomposición social que produjo la tecnocracia apátrida, que la pobreza y la desigualdad viene de la súper corrupción del pasado, aumentada exponencialmente por los gobiernos neoliberales. Pero también lo es que llegó a la Presidencia con el compromiso de recomponer las cosas negativas heredadas.


UNA HECATOMBE SOCIAL NO CONVIENE NI A QUIENES TIENEN TODO


Sabíamos que no podría hacerlo en todo el sexenio, mucho menos sin un partido compacto con ideología progresista firme; pero entendimos pronto que esa no era su intención a partir de los compromisos que asumió para llegar a Palacio Nacional. No obstante, seguimos creyendo que en dos años pondría los cimientos del cambio estructural. Pronto nos desilusionamos, al percatarnos que tampoco era su voluntad dar ese paso significativo. Lo que sobrevenga en los dos años que faltan para finalizar el sexenio será su culpa, el pueblo ya no creerá que “los conservadores” no lo dejaron actuar como él hubiera querido.

Ahora, la cuestión de más importancia es cómo evitar que se desborde el descontento popular, y sobre todo que la Guardia Nacional tenga que ser utilizada con fines represivos en caso de que eso llegara a suceder. Porque por más “pan y circo” que se quiera dar a las masas para que se entretengan, su rencor social sería imposible de mitigar. Esto debieran comprenderlo también las cúpulas oligárquicas, porque una hecatombe social no conviene ni a ellos mismos que lo tienen todo. Lo razonable, en esta situación, es que hicieran comprender al Presidente el imperativo de que asuma sus culpas y actúe con pleno sentido de responsabilidad. Sólo a ellos los escucha y atiende.

Memo.FQ@hotmail.com

Twitter: @VivaVilla_23


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