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  • Libertad Diario

COVID: “Muera quién tenga que morir”

Heinz Dieterich

1. Confesión de un crimen


El 25 de octubre, el Jefe operativo de la Casa Blanca, Mark Meadows, reconoció públicamente en CNN lo que toda persona pensante sabía desde hace once meses: que Donald Trump nunca tuvo ninguna intención de controlar la pandemia del Covid-19: “We are not going to control the pandemic. We are going to control the fact that we get vaccines, therapeutics and other mitigation áreas”, dijo el White House chief of staff, con el habitual cinismo y desdén para los indefensos, la vida humana y la lengua de Shakespeare, que caracterizan los enunciados del equipo de Trump.


Mientras, hasta que lleguen “las vacunas, terapéuticos y otras áreas (sic) de mitigación”, los estadounidenses mueren en masa: hasta el día de hoy, 235.000; hasta fin del año, alrededor de 410.000, según el modelo IHME de la George Washington University. China, con una población 4.5 veces mayor que la de Estados Unidos, tiene menos de 5.000 fallecidos por el patógeno. Se trata, en una palabra, de un crimen de lesa humanidad de toda la camarilla de Trump y de la nomenclatura cómplice del Partido Republicano.


2. Un crimen de Guerra


Considerando, qué bajo la Constitución de la República Donald Trump es el Comandante en Jefe (supreme military commander) de las Fuerzas Armadas, “responsable de proteger y defender a los Estados Unidos” (charged with the responsibility of protecting and defending the United States), los muertos del campo de batalla estadounidense constituyen evidencia forense prima facie de un crimen de guerra contra la población civil.


En apenas once meses de “conducción” de la guerra contra el Covid-19, el Comandante en Jefe que se aprecia “un genio” (“I am a genius”), ha permitido al virus infligirle 235.000 mil bajas mortales a sus propias fuerzas: dos veces más que los muertos que Estados Unidos tuvo en la Primera Guerra mundial; 4 veces más que en la Guerra de Vietnam (58.000) y 6.5 veces más que en la Guerra de Corea (36.500).


Si Trump hubiera aplicado el algoritmo de salud pública china --diseñado en enero del 2020 en Wuhan y conocido como el Algoritmo chino de las siete sapiencias (Zhōngguó káng yí qī dá zhíhuí de suánfǎ)-- en el país más rico de la tierra, hoy, en el Día de Muertos, el pueblo estadounidense sólo tendría que llorar la ausencia de unos 1070 difuntos por Covid. En suma, un crimen de guerra para un Tribunal de Nuernberg del Siglo 21.


3. Matar para ganar elecciones.

En una reveladora entrevista entre el yerno y consigliere de Donald Trump, Jared Kushner, y el premiado periodista Bob Woodward, Kushner reveló, que la hecatombe de ciudadanos estadounidenses por el patógeno no se debe sólo a la conocida ignorancia científica, negligencia criminal y el autismo mitómano del presidente, sino a una estrategia política fríamente calculada para ganar las elecciones del 3 de noviembre.


Según el cachorro-consigliere Kushner, Dangerous Donald (Hillary Clinton dixit) decidió tempranamente responsabilizar del combate al virus a los gobernadores del país. Si salía mal el cálculo, él se lavaría las manos como Pontius Pilatus. Y si salía bien, así les dijo, el monopolio de anunciar la reapertura de la economía sería prerrogativa del presidente. Conocida la etiopatogénesis del virus y su potencial pandémico, y pese a las tempranas advertencias de su Asesor de Seguridad Nacional y del presidente Xi Jinping (enero/febrero), Trump siguió adelante con su cínica estrategia de ruleta rusa para el pueblo; a sabiendas, que sólo el gobierno federal tenía los recursos, la influencia pública educativa, la logística nacional y global y, si necesario, el poder coercitivo del Estado, para impedir la hecatombe.


4. Sofismas, fake news e idioteces lógicas


No haciendo caso a los científicos, “el genio” siguió adelante con su frívolo cálculo político electoral, minimizando y ocultando el peligro mortal. Llegó al extremo de bloquear una orden de las autoridades sanitarias competentes de usar cubrebocas, y de facto lo sigue saboteando hasta el día de hoy; al igual que la sana distancia y los tests y contact tracing necesarios para romper las cadenas de contagio. Toda esa estupidez pre-científica suya afloró el 15 de junio, cuando sugirió aplicar menos diagnósticos, porque, “If we stop testing right now, we would have very few cases” -- si “dejamos los tests ahora, tendríamos muy pocas infecciones”. Una lógica, que en estadística se llama “nonsense correlation”, equivalente a decir que, si dejamos los tests de embarazo ahora, tendríamos muy pocos casos de maternidad”.


5. “Idiotas sobreconfidentes"


Preguntado por Woodward, porque Trump no hizo caso a los científicos nacionales y al presidente Xi Jinping, Jared Kushner dio la siguiente razón: que el presidente estaba rodeado en la Casa Blanca por “idiotas sobreconfidentes” -- “overconfident idiots”. He conocido bastantes presidentes y ministros latinoamericanos para poder afirmar, que la especie de “overconfident idiots” abunda en la fauna de las altas esferas del poder político. Es un problema sistémico. En el caso de la Casa Blanca, donde un alto exfuncionario calcula, que el 80% del equipo de Trump son “lacayos”, y sólo el 20% es profesional, tanto el consigliere y su Padrino deberían considerarse los primeros entre iguales (primus inter pares) en la selecta cofradía de “overconfident idiots”, que gerencian a la Casa Blanca.


6. Inmunidad de la manada

En la sociedad G-5 extrovertida actual, la mayoría de los intelectuales y doctorcitos se mueren por declarar ante las cámaras. De ahí, que es fácil para cualquier presidente o canciller encontrar panegiristas con la narrativa políticamente correcta, que requiere su agenda. La “inmunidad de manada” (herd immunity) es uno de esos discursos falsos (sofismas) que los modernos Heróstrates de cuello blanco manejan para engañar a la gente, que no tiene formación científica.


La idea del concepto es que en un colectivo grande (manada) siempre habrá individuos que por alguna predisposición particular sobreviven a infecciones de micro-agentes patógenos, mientras que los individuos más débiles (viejos, enfermos, pobres, etc.) fallecen. Se trata del clásico concepto de “survival of the fittest”, que Darwin correctamente encontró y formuló como ley suprema de la sobrevivencia y evolución de los sistemas biológicos. Esa “ley de la selva” premia a los más “adaptados” con la sobrevivencia, mientras que los noadaptados (indefensos) mueren.


7. Selección natural, Covid y clases dominantes

Esa ley de “selección natural” ha sido aplicado por todas las clases sociales dominantes de la historia a los indefensos, en un fenómeno conocido como “social-darwinismo”. Los Nazis lo reclamaron abiertamente con su brutal demagogia racista de la supuesta “superioridad genética de la raza aria” ante supuestas “razas inferiores”. “El Ángel de la muerte Nazi”, Josef Mengele, capitán de la SS con doctorados en Antropología y Medicina, lo practicó en el campo de explotación laboral y exterminio de Auschwitz. Parado en la rampa, adonde llegaban los trenes llenos de víctimas de los Nazis, Mengele decidió quién iba directamente a las cámaras de gas --por no poder producir plusvalor en las corporaciones transnacionales alemanas, que pagaban a la SS por la explotación-hasta-la-muerte de esos esclavos del capitalismo avanzado-- y quién debía vivir un tiempo más para generar ganancias en el gulag del Gran Capital germánico.


8. “Muera quién tenga que morir”

Esta es la esencia de la “inmunidad de la manada”, que técnicamente se refiere a la imposibilidad del virus de propagarse, cuando ya solo encuentra personas protegidas por anticuerpos (inmunogenicidad). Es decir, los sobrevivientes de la pandemia. Fernando Gomes, alcalde de Itabuna en Brasil, resumió esa esencia sin tapujos y, cortando toda la narrativa mentirosa de los intelectuales vendidos al poder, decretó: “Mañana voy a abrir los comercios y que muera quién tenga que morir”. Muera quién tenga que morir. Esta es la lógica de los Ángeles de la muerte de la pandemia del Covid. Es una especie, que se encuentra en todos los países del globo.


ES BUENO RECORDARLO EN EL DÍA DE MUERTOS.


1.11.2020



Las ideas argumentos y análisis expuestos, son responsabilidad de sus autores y no necesariamente coinciden con el criterio de ciencialibertad.org

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